Inicio Textos noveles 09 Cristina Castro Moral
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Panorama ciego común Si no quedan adoquines arrancados de cuajo, si no quedan mejillas en lata en los tiernos badajos de la espuma, quedarán collares de estrechos ataúdes para vestir los domingos en la puerta de atrás de la iglesia. Pero no siempre es así, si hay más hombres de cal sueñan las olas con ser cables de luz. Si hay más mujeres de humo piensan las piedras de la playa que llegarán algún día para forrarlas de seda. Todos comprenden los sueños del extrarradio pero en el fondo lo saben, que el único terciopelo que produce asco es el tacto de una polilla muerta. Así, cuando todos los trenes pasen habrá que hacer recuento de la memoria perdida y las grietas en los ojos. El dolor por las cosas que tiritan será el eterno invitado de las escaleras; todo espejo será incesto y toda palabra noche. Nosotros ignoramos que el cuero arrugado de los árboles sabe matemáticas de luz y física de habitantes y que un violín hará fuertes a los ángeles reconvertidos al nudismo, fortaleza de cereza y barro seco. No, no sirve arrancar de cuajo las piedras. No hay más silencio que una gota de saliva y toda la angustia del mundo cabe en ella. Qué grandes son algunos hombres de cabello largo que predicen los llantos de las constelaciones. Quiero conocer sus direcciones, marcar un camino con cristales, cubrirles la frente con ceniza. No hay dolor a la vista. He perdido la necesidad de la tarde. Eran dos o tres palabras antes de la luz marchita. La ventana ha encontrado otros quehaceres más sutiles, mejor remunerados. Prematura muerte de mi lengua junto a las pelusas grises del gato. Delincuencia juvenil Las luces del mundo se pasean por tu cuerpo con habilidad de cartógrafo especializado en dunas. Proyectan la caricia en tu terreno, la cimientan y amortizan con la suavidad de quien roba las horas libres a un ángel. Yo, con el sigilo propio de una sombra busco las lucecitas rezagadas en tus resquicios y las asfixio bajo mi lengua y disfruto con cada crimen. Tienes derecho a permanecer en silencio. Liliput Alcánzame en el pecho, ábrelo en dos, planta un drago, pinta una senda, extingue mi fauna, dame de beber lágrimas de tortuga. Si fuera más pequeña me caería en las grietas de tus manos. Quiero ser más pequeña Cristina Castro Moral
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Textos noveles
Algunos ejercicios prácticos elaborados por los participantes en los talleres de narrativa y poesía de la Escuela de Escritores Noveles.
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