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Cristina Castro Moral PDF Imprimir E-Mail

Panorama ciego común

Si no quedan adoquines
arrancados de cuajo,
si no quedan mejillas en lata
en los tiernos badajos de la espuma,
quedarán collares de estrechos ataúdes
para vestir los domingos en la puerta
de atrás de la iglesia.
Pero no siempre es así,
si hay más hombres de cal
sueñan las olas con ser cables de luz.
Si hay más mujeres de humo
piensan las piedras de la playa
que llegarán algún día para forrarlas de seda.
 
Todos comprenden los sueños del extrarradio
pero en el fondo lo saben,
que el único terciopelo que produce asco
es el tacto de una polilla muerta.
Así, cuando todos los trenes pasen
habrá que hacer recuento
de la memoria perdida y las grietas en los ojos.
El dolor por las cosas que tiritan
será el eterno invitado de las escaleras;
todo espejo será incesto y toda palabra noche.
 
Nosotros ignoramos
que el cuero arrugado de los árboles
sabe matemáticas de luz
y física de habitantes
y que un violín hará fuertes
a los ángeles reconvertidos al nudismo,
fortaleza de cereza y barro seco.
 
No, no sirve arrancar de cuajo las piedras.
No hay más silencio que una gota de saliva
y toda la angustia del mundo cabe en ella.
Qué grandes son
algunos hombres de cabello largo
que predicen los llantos de las constelaciones.
Quiero conocer sus direcciones,
marcar un camino con cristales,
cubrirles la frente con ceniza.
 
No hay dolor a la vista.
He perdido la necesidad de la tarde.
Eran dos o tres palabras
antes de la luz marchita.
La ventana ha encontrado otros quehaceres
más sutiles, mejor remunerados.
Prematura muerte de mi lengua
junto a las pelusas grises del gato.
 
 
Delincuencia juvenil
 
Las luces del mundo se pasean por tu cuerpo
con habilidad de cartógrafo especializado en dunas.
Proyectan la caricia en tu terreno,
la cimientan y amortizan con la suavidad
de quien roba las horas libres a un ángel.
Yo, con el sigilo propio de una sombra
busco las lucecitas rezagadas en tus resquicios
y las asfixio bajo mi lengua y disfruto
con cada crimen.
Tienes derecho
a permanecer en silencio.
 
 
Liliput
 
Alcánzame en el pecho,
ábrelo en dos,
planta un drago,
pinta una senda,
extingue mi fauna,
dame de beber lágrimas de tortuga.
Si fuera más pequeña
me caería en las grietas de tus manos.
Quiero ser más pequeña

 Cristina Castro Moral 

 

 

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Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

 
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Textos noveles

Algunos ejercicios prácticos elaborados por los participantes en los talleres de narrativa y poesía de la Escuela de Escritores Noveles.
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